En este momento no creo que te inspire, llevo semanas sin ánimo de nada, queriendo estar solo dormida, los 3 peques que tengo en casa son de 5a, 3a y 7m, según yo quería hacer HS y no he logrado arrancar, mi esposo me dice que ya los mande a la escuela y estoy tentada a hacerlo, me siento perdida y para rematar no se si sea que estoy callendo en depresión o que me pasa 😭😭
El otro día, de buena mañana, me encontré con este correo electrónico y me removió muchísimo porque esas palabras las podría haber escrito yo hace unos años. Me quedé todo el día dándole vueltas y recordando tantos momentos de desolación, de tristeza infinita, de sentirme, como dice esta madre, tan, tan perdida…
Cuando me quedé embarazada de mi primer hijo solo le pedía a Dios que el niño estuviera bien, por supuesto, pero, como segundo don, le rogaba: «Por favor, que duerma…». Yo siempre había oído a mi madre que, cuando eran recién nacidos, te tenías que despertar cada tres horas para darles de comer. ¿Os suena lo de las tres horas? Y eso a mí ya me parecía como el fin del mundo… ¡Qué inocente era! Mi hijo no durmió tres horas seguidas jamás y sus hermanos tampoco. Pensé que el hecho de que mi primogénito se despertara constantemente para mamar me haría enloquecer, pero mira tú por dónde, y sin entender cómo… la cuestión es que sobreviví. Pero, aunque sobreviví, estaba tan sumamente agotada que mis jornadas resultaban bastante insoportables, no os quiero engañar.
Se fueron encadenando los embarazos con las lactancias y la locura del homeschooling y, sinceramente, el cuerpo no acompañaba. Gracias a Dios, en aquella época no existían las redes sociales, porque ver tantas cuentas con tantas madres perfectas creo que me habría hecho sentir aún más inútil.
Iba al parque y solo veía madres relajadas, con bebés que dormían del tirón desde los dos meses, con niños felices escolarizados desde los seis meses y, claroooo, no te podías quejar ni decir ni pío.




